Por: Ing. Marcelino de Gracia (marcelinodegracia@gmail.com)
Ing. Ambiental

Desde el año 1968, se
dieron los primeros descubrimientos sobre el concepto de edificios enfermos como uno de los factores que más influyen en el ausentismo
laboral.

La Organización
Mundial de la Salud (OMS) define el Síndrome
de Edificio Enfermo
como la existencia simultánea de síntomas en un
conjunto de personas (15 al 20%) del mismo edificio con manifestaciones
generales en las membranas mucosas y en la piel.

Las infraestructuras
de inmuebles, junto con otros componentes que forman parte del entorno y la
necesidad de crear un aislamiento del exterior para crear un espacio
herméticamente cerrado y sin ventilación exterior para cubrir la necesidad de
lo que se llama hoy en día los edificios inteligentes, convierten al diseño ambientalmente cerrado, en un
factor de riesgo para la salud de quienes laboran en esa área.

El 90 % de las
edificaciones de hoy día, son construidas con ventilación cerrada, para crear
un ambiente más agradable. En ocasiones no se toma en cuenta que existen
factores físicos, químicos y biológicos que en conjunto aprovechan el ambiente para
influenciar en la salud ambiental del entorno laboral.

La
Organización Mundial de la Salud (OMS) hace una anotación, con referencia a los
dos tipos de edificios enfermos; los cuales son: los edificios temporalmente
enfermos, entre los que se incluyen edificios nuevos o de reciente remodelación
donde los síntomas disminuyen y desaparecen con el tiempo, aproximadamente
medio año. Y por otro lado encontramos, los edificios permanentemente enfermos
donde los síntomas persisten, a menudo durante años, a pesar de haberse tomado
medidas para solucionar las deficiencias halladas.

Altas tasas de ausentismo,
baja productividad, alta rotación de empleados, baja satisfacción laboral son
indicadores que muestran que la salud ambiental del espacio de trabajo está comenzando
a deteriorarse y podría estar enfrentándose a una edificación enferma.

El aire en ese ambiente
cerrado, es el principal causante de las enfermedades de un edificio enfermo,
siendo el medio por el cual las partículas en suspensión propician efectos
sobre las propiedades y comportamiento del ambiente laboral, causando algunas
lesiones en la salud como lo son resfriados persistentes, irritaciones de las
vías respiratorias y alergias. Estas partículas
provienen de muchos lugares entre estos los materiales que se han escogido para
los acabados de la sección interna de la edificación.

La exposición prolongada a
contaminantes propios de edificios enfermos, podría causar trastornos crónicos
a la salud.

Los aerosoles que se
utilizan para crear ambientes con buen olor y para desinfección de pisos, paredes, pupitres
entre otros, emiten partículas químicamente activas que pueden acumularse el
entorno y con el uso continuo de los mismos pueden causar efectos relacionados
con la intoxicación, causando beligerancia, apatía y desempeño inapropiado en
el trabajo o en situaciones sociales.

Los hongos, bacterias y
demás agentes biológicos causados por la descomposición de materiales usados en
interiores sin un debido mantenimiento también son causantes de enfermedades
persistentes en el espacio de trabajo.

Los
niveles de iluminación bajo, los brillos excesivos, los contrastes
insuficientes, y los destellos pueden causar estrés visual lo cual tiene
consecuencias como la irritación de los ojos y dolores de cabeza.

La
entrada en al edificio del humo proveniente de escape de gases de vehículos,
gases de industrias, productos utilizados en trabajos de construcción y
mantenimiento y aire contaminado del propio edificio, previamente de sus
desechos al exterior, que vuelve a entrar a través de las tomas de aire
acondicionado dan origen cuantificable a las deficiencias en la salud ambiental
del edificio.

Colaboradores que presenten
patologías respiratorias infecto-contagiosas pueden convertirse en focos de
infección para el resto de sus compañeros, dado que muchas de estas infecciones
se transmiten por aerosoles (estornudos, tos), agravándose la situación si no
existe una circulación adecuada del aire.

Gracias a las nuevas
tecnologías e investigaciones se ha descubierto que las edificaciones enfermas se
pueden tratar con medidas de actuaciones como por ejemplo una inspección
minuciosa del edificio y de las instalaciones del sistema de ventilación, una
evaluación inicial que incluya mediciones higienistas, y una determinación de
compuestos específicos que puedan esclarecer que parámetros son los que
posiblemente estén afectando la salud
ambiental
del entorno de trabajo. El control de la ventilación suele ser la
herramienta más útil e inmediata en la
toma de decisiones operativas para la solución de un problema de calidad de
aire interior. También
a la hora de realizar una construcción cuya actividad principal en su fase de
operación sea de oficinas administrativas entre otras, se deben seguir los
lineamientos y estándares de calidad del material de acabado y construcción que
puedan contribuir con la salud del edificio.