Ing. Marcel Chong Echeverría
(marcel.chong@gmail.com)

Miembro del colegio de ingenieros
civiles (COICI)

En octubre de 2015, el Colegio de Ingenieros Civiles, con
el respaldo de la SPIA, emitió un comunicado nacional exigiendo el respeto a la
Ley 15 de 1959 pero, ¿qué implica el respeto a esta ley?, ¿por qué el gremio de
Ingenieros Civiles está exigiendo que se cumpla con la ley y las resoluciones
de la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura? Para explicar estas
preguntas, tomaré el plan maestro del Metro de Panamá, el cual se presenta como
un caso digno a ejemplificar lo que los colegas impulsores de la Ley 15
posiblemente previeron al momento de redactar dicha ley.

Para ser un profesional de la ingeniería, arquitectura
y/o sus afines, es necesario, entre otras cosas, ser panameño o demostrar
arraigo en el país a través del matrimonio con un/una nacional y/o tener hijos
panameños. De no tener ese arraigo con
el país, un profesional de la rama podría obtener una idoneidad fácilmente,
realizar una obra y regresar a su país de origen sin tener que transmitir sus
conocimientos y experiencia a ningún panameño, y sin estar sujeto a las
responsabilidades que conlleva el ejercicio de la profesión en nuestro
país. Al no recibir los nacionales dicho
conocimiento y recibir la experiencia de una megaobra u obra especializada, la
única forma que tendrían dichos nacionales de obtenerla sería participando en
obras similares en otros países, donde tal vez los gremios de estos hipotéticos
países no los dejarían ejercer por no tener, precisamente, idoneidad.

Así pues, la Ley 15 prevé que para los puestos claves de
una obra especializada, de no haber un profesional panameño que pueda ejercer
el puesto, se le puede otorgar un permiso temporal para ejercer, sin embargo,
la empresa contratante debe, por obligatoriedad de la ley, contratar a un
profesional panameño (idóneo, claro) con capacidad necesaria para recibir los
conocimientos del extranjero a quien se le otorgó el permiso temporal, al mismo
tiempo que gana experiencia en obras especializadas.

Dicho esto, la línea 1 del Metro de Panamá puso de
manifiesto la presencia de extranjeros, posiblemente profesionales de la
construcción, ejerciendo cargos de mando y dirección bajo la excusa de que no
existían en la república profesionales con la experiencia y conocimientos
necesarios para ocupar dichos cargos. Y
es de notar que la aptitud de estas personas está en tela de duda, puesto que,
al no haber realizado el trámite de idoneidad o permiso para ejercer otorgado por la Junta Técnica de Ingeniería y
Arquitectura, ente responsable de dicha verificación, es fácil suponer que
nadie verificó si sus hojas de vida y títulos eran reales. Y así como no se verificó la autenticidad de
los perfiles de estos elementos, es lógico pensar que tampoco fueron
contratados profesionales panameños para que les fuera transmitido su
conocimiento, como dicta la ley, o al menos eso es lo que deduzco de
conversaciones con colegas que pudieron participar en esta obra.

Como mencioné al principio, esta obra se me antoja ideal
para el ejemplo que quiero exponer. Si el planteamiento del párrafo anterior es
falso, entonces en la ejecución de la línea 2 del Metro de Panamá se comenzará
a ver menos presencia de profesionales extranjeros ocupando plazas de trabajo
reservadas, por ley, para idóneos. Y
esta disminución deberá ser cada vez más evidente conforme se vayan
construyendo las siguientes líneas, puesto que para entonces la excusa de
profesionales idóneos sin experiencia en este tipo de obras no tendrá sentido.

Por otro lado, si mi planteamiento es verdadero, el
escenario temido por los creadores de la Ley 15 puede verse materializado:
obras billonarias ejecutadas por empresas multinacionales que importan a los
profesionales de sus países de origen para que ejecuten las obras pagadas por
los panameños, con el inconveniente de que al final del último pago el balance
general arroja salarios generosos pagados a personas que regresarán a sus
países con ese dinero, esa experiencia y ese conocimiento. Y si al colocar el último tornillo del Metro
de Panamá, resulta que es apropiado pensar en un medio de transporte similar
para David, Chitré, Santiago o Colón, ¿en qué profesionales podríamos pensar
para dirigir dichos proyectos?, ¿se traerían de nuevo profesionales extranjeros
por la carencia de profesionales panameños con experiencia en este tipo de
obra, después de haber construido 9 líneas en ciudad de Panamá?

El espíritu progresista de la Ley 15 es muy claro una vez
que se dimensiona un problema en la forma en que lo he expuesto aquí. El objetivo a largo plazo es poder contar con
el recurso humano lo suficientemente experimentado, como para poder tener
compañías de origen panameño capaces de competir, dentro y fuera del territorio
nacional, con compañías extranjeras que en su momento, en sus propios países,
tampoco tuvieron el tamaño y la experticia que ahora poseen.